PEDRO EL VENERABLE
Fue el noveno abad de Cluny, donde murió en 1156, en el día de Navidad, tal como lo había deseado, debido a su devoción al misterio del nacimiento de Cristo de la Virgen. Prescribió la celebración diaria de una misa en el altar de Nuestra Señora; que se cantasen todos los días, en la enfermería, las Horas (Oficio) de la Virgen, y, en fin, que en la procesión de la Asunción y en las grandes fiestas se cantase la «Salve Regina». Motivo de estos mandatos: «el amor supremo e inmenso que toda criatura racional, y con todos los medios de que pueda razonablemente disponer, debe rendir, después de al Autor de todos los bienes, a Aquella que fue la madre del Autor de todos los bienes» (Statuta, 16, PL 189, 1048; ibíd., 54, 1040; 60, 1041). Dejó varias prosas, antífonas y responsorios marianos (PL 189, 1019; Wilmart, A., en «Rev. Bénéd.», 55 [1939] pp. 65-69). Niega en María la visión beatífica durante la vida terrena, la omnisciencia y los carismas de los apóstoles. «La piedad y la devoción a la Virgen —dice— no debe ir más allá de la regla de la fe» (Epist. III, 7, PL 189, 184).
Bibliografía
Leclercq, J., Pierre le Vénérable, Saint-Wandrille 1946, pp. 219-222;
ibíd., pp. 13, 309, 337.