Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

MARÍA

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Es el nombre de la Madre de Cristo y de todos los cristianos: «Y la Virgen se llamaba María» (Lc. 1, 27). En el A. T. este nombre lo llevó solamente una persona: María, hermana de Moisés, diez años mayor que él (Éx. 15, 20). En cambio, en el N. T., desde el tiempo de Cristo, encontramos no pocas personas con el nombre de M. Se ha discutido mucho y se discute todavía sobre el significado de este nombre. Han sido propuestos unos setenta significados, según las distintas lenguas o raíces de las que se le hace derivar (Cf. Bardenhewer, Der Name Maria, Biblische Studien, t. I, pp. 1-61, Freiburg 1859). Los más importantes y mejor fundados se reducen a seis, a saber: bella, amargura o mar amargo, rebelión, iluminadora, señora y amada de Dios. La interpretación de bella la defiende Bardenhewer (l. c.). Precedido de Förster, de Gildemeister, de Schaefer y seguido de Lesetre y de Lorenzo Janssens, sostiene que el nombre de M. se deriva de la palabra mara, que significa pingue, o sea, gorda, y del sufijo denominativo am. Pero como, según el gusto oriental, la belleza requiere como elemento la gordura, este vocablo (maram) impuesto a una señora viene a ser sinónimo de bella.

La interpretación amargura o mar amargo, dada por los antiguos rabinos, ha sido propugnada recientemente por Salvador Minocchi (Cf. Il nome di M., Florencia 1897). El nombre de Miryam, según los antiguos rabinos, se derivaría del verbo marar, que significa amargo, del cual se derivó después la voz mar, que significa amargura. Tal nombre habría sido impuesto a la hermana de Moisés a causa de las tristes circunstancias del tiempo en que nació, esto es, durante la persecución de los Faraones. Mateo Hiller dio al nombre de M. el significado de rebelión (del verbo marah, del cual viene después Meri = rebelión); la voz am no sería otra cosa que un sufijo intensivo y denominativo. El P. Lagrange, por su parte, resumiendo una interpretación sacada a relucir por antiquísimos escritores griegos en la obra «Onomastica Sacra», ha preferido dar al nombre de M. el significado de iluminadora, de or (= resplandecer) o de ra’ah (= ver). La interpretación «Señora», propuesta también por antiguos escritores griegos en la mencionada obra, atribuye al nombre de M. el origen del vocablo arameo mar(a), mary (= Señora); o bien —según S. Jerónimo— del siríaco, pero siempre con el significado de «Señora».

Según el P. Zorell, S. J., M. sería un nombre compuesto de dos palabras: la una egipcia (myr = amada) y la otra hebrea (jam = Dios). Por consiguiente, M. significaría amada de Dios (Cf. Verbum Domini, 1946, p. 257). Pero el mismo Zorell no dio después gran importancia a esta interpretación. Es difícil decir cuál de estas interpretaciones, todas inciertas, haya de preferirse. Todas, sin embargo, convienen a la Virgen, a la «Mujer» por antonomasia.

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