JUAN (S.)
Natural de Galilea. Después de haber sido discípulo del Bautista, se convirtió en apóstol «predilecto» de Jesús (13, 23-25) y presenció el primer milagro obrado por el Redentor en las bodas de Caná, a ruegos de María (2, 1-15). En su narración evangélica dice también que María acompañó inmedíatamente después a su Hijo a Cafarnaúm (2, 12). Desde la cruz Cristo se lo entregó a María como su hijo (19, 27). Hace alusión a María y a su concepción virginal en el prólogo, donde habla de «Aquel que no nació de la sangre, ni de la voluntad carnal, ni de la voluntad de varón, sino de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitO entre nosotros» (1, 14): aquel tabernlculo en el cual el Verbo Encarnado puso su morada cs María (He aquí el «taberndeulo de Dios con los hombres», Ap. 21, 2-3). En Ap. 12 (v.) S. J. nos presenta a María en su maternidad universal, o sea, en su maternidad respecto de Cristo (12, 4»6, 12-13) y respecto de los cristianos (la «descendencia» de la «mujer», 12, 17, eco evidente de Cdn. 3, 15, donde se habla de la umujem y de su «descendencia»), así como en su triunfo, junto con Cristo, sobre el demonio (o serpiente antigua) y en su glorificación en alma y cuerpo, en el cielo.
Es digna de notarse la íntima relación que, según algúnos exegetas, existe entre las bodas de Can» y la escena del Calvario: son los dos únicos lugares en los que S. J. (y él sólo) habla explícitamente de la presencia de María. Se trata de dos episodios fundamentales íntimamente unióos. Y en efecto: 1) El primero señala «el comienzo» de la vida pdblica mesftnica de Cristo, medíante la realización del primer milagro que fundamenta la fe de los discípulos, en tanto que el segúndo señala el fin, el cumplimiento: aTodo se ha cumplidon; así exclama Cristo inmedíatamente después de las palabras aEcce filius tuus... Ecce mater tua». AquéIIa es «su hora» (expresión repetida por S. J. siete veces en su evangelio para indicar el «cumplimiento» de la másión y glorificación mesi£nicas de Jesús por medio de su pasión y muerte). 2) En el primero Jesús llama a María «mujer», en vez de cmadres; en el segúndo hace otro tanto (con evidente alusión a la «mujer» del Protoevangelio, Gdn. 3, 15). «,Cual es el mo» tivo?
Este: Jesús, en su manifestation me» silnica (iniciada en Can£ y continuada durante su vida ptiblica), debe y quiere obrar sometido al «Padre» que lo ha envíado (Lc. 2, 49) y no a la Madre, de la que deberti separarse necesariamente; pero semejante separation tendrfi fin: Ella se unirti de nuevo con El cuando Uegue su «hora», o sea, la hora de la pasión y muerte. En otros tOrminos, es como si Jesús dijera a María: no hay nada entre yo y tú, porque la hora de mi glorificación mesiánica medíante la pasión «no ha llegado todavía: cuando llegue, te juntarO a más. En el se gundo episodio indica claramente que la tthoras de Cristo ha llegado y con ella ha llegado también la hora de María, la hora de su espiritual y universal maternidad. A las palabras: «Qué nos va a mi y a ti» hacen eco estas otras: «; He a hi a tu hijo!... iHe ahi a tu madre!...» S. J., con estos dos episodios que narra, ha querido, por tanto, subrayar la parte de María en la redención, o sea, la asociación de la nova Eva al nuevo Adán en la obra de la regeneration espiritual de la humanidad a la vida sobrenatural de la gracia perdida con el pecado, medíante una relación de maternidad y filiation de la que S.
J. es prototipo. Jesús, en efecto, encomienda primero Juan a María y después María a Juan. S. J. rivaliza, pues, con S. Lucas (v.) en la description de la figura de María. Con toda probabilidad se puede afirmar entre los dos evángelistas una espccie de parentesco literario, es decir, una influencia reciproca: influencia oral de S. J. sobre S. Lucas, e influencia escrita de S. Lucas sobre S. J. El discípulo predilecto ha querido completar a los sinOpticos, especialmente a S. Lucas. BIBL.: Braun, P. M.. O. P.. La Mire dei 1 Miles. Enai de thiolosie iohanuique, Caster mao. Parls-Touniai 1953; Ouievrin. F. (piocestame). La materniU spirituelle de ta mdre de Jfsns dans VevamtUe de Saint Jean, en «Supplcment de la Vie spiriiuellcn. 5 (1952) pp. 101»104 (lleea por diversos caminos a las principales conclusiones del P. Braun): Bokmard. M. E.. Du bapteme d Caná, Ccrf.. Par(9 1956 (o Lectio divinaa. 18) PP. 133-159; Thy f.s, A.. Jean 19. 25-27 et la matemitJ spirliuclte de Marie, en «Maríamim», IE (1956) pp. 80-117.