Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

«HIJA DE SIÓN»

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Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se habla expresamente de la «H. de S.» (o de expresiones del todo equivalentes, como, por ejemplo, «hija de Jerusalén»). La nación israelita (la Iglesia del antiguo Israel) está simbólicamente personificada en la «H. de S.», especialmente cuando se toma como lugar de la presencia de Dios, aquella que vive, sufre, obra en viva esperanza de dar a luz al Mesías del que constituirá más tarde, una vez cumplida la esperanza mesiánica, su cuerpo místico, la Iglesia. Con estas premisas, se han planteado recientemente algunos exegetas esta cuestión: esa «H. de S.» ¿se identifica con María? Y han respondido afirmativamente, aduciendo varios lugares tanto del A. como del N. T. para probar su tesis, de modo que la «H. de S.» en María deja de ser un símbolo para convertirse en una persona, y la presencia de Yahvé en el seno de Israel toma un sentido nuevo, pleno. S. Lucas, al referirse tanto al anuncio del ángel como al «Magníficat» de la Virgen, parece que ve en Ella a la «H. de S.», de la que se habla así frecuentemente en el A. T.

El χαῖρε, o sea «Alégrate» del ángel a María está evidentemente modelado sobre las fórmulas con las que varios profetas (Zac. 9, 9; Jl. 2, 21-27) y, especialmente, Sofonías (3, 14-18) habían anunciado este mismo gozo a la «H. de S.»: Yahvé está presente en medio de Israel; o, más literalmente, «en las vísceras de Israel». La Virgen misma (como lo muestra su familiaridad con la Biblia, vivamente reflejada en el «Magníficat») debió de ser consciente de su cualidad de «H. de S.», es decir, de personificar a toda la nación israelita y de estar destinada a dar a luz al Mesías Redentor, quedando así constituida en madre tanto del Redentor como de los redimidos; tanto de la cabeza como de los místicos miembros de su cuerpo. De esta forma recibiría una nueva luz el puesto de María en la Biblia. Así sería María en el N. T. la realización de la «H. de S.» del A. T. Efectivamente, algunos pasajes de S. Lucas, de S. Juan y de S. Mateo ofrecen una sólida base para tal concepción bíblica de María. Ella es en el Ap. (c. 12) la «Mujer vestida del sol» que da a luz a Cristo y a sus místicos miembros, como la «H. de S.», de la que hablan Miqueas (4, 8, 10) y Jeremías (31, 21-22).

Ella es, en realidad, el Israel concreto, la parte más pura y más santa de Israel, del seno del cual nació el Mesías Redentor: «Y el Verbo de Dios se hizo carne y estableció su tabernáculo en medio de nosotros» (Jn. 1, 14). Ella es el «Tabernáculo de Dios con los hombres», es decir, la «Mujer» del Ap. (21, 2-3). María, por consiguiente, se nos presenta como la más pura y perfecta personificación de la Iglesia, tanto del A. como del N. T.; como la que centra en sí misma toda la preparación de la ley antigua (la Iglesia del A. T.) para recibir al Mesías Redentor y todo el divino esplendor de la nueva ley (la Iglesia del N. T.). De esta forma, María es como centro que se remonta a la Iglesia del A. T. y prolonga su presencia hasta el Nuevo, hasta nosotros. Mirando al A. T., María, hija de Abraham, perfecciona su fe, y ve realizarse en sí misma la promesa que a él se hace, convirtiéndose de ese modo en «lugar de encuentro» de Dios con David, por medio del cual el Mesías Redentor se injerta en el tronco de David, el Rey-Profeta por el cual había sido prefigurado.

María realiza, como madre de Cristo, todas las aspiraciones de perfección espiritual expresadas en los vaticinios de los profetas, en los salmos y en los himnos bíblicos. Y en el N. T., María es prototipo de la Iglesia, ya que resume en sí misma la gracia de toda la Iglesia y prefigura la sublime vocación de la misma, siendo verdadera madre tanto de Cristo como de la Iglesia, cuerpo místico de Cristo. Toda la Biblia ofrece una sólida base para esta concepción de María, de modo que el sentido latente del A. T. se hace patente en el Nuevo. También la antigua tradición patrística sufraga esta tesis. BIBL.: H a r a l d S a i i l i n d f S traenouaes (Protestante), J ungirán María-Doxter Zion, en «Ny Kyrklig Tidskrift», 18 (1949) pp. 102-125; Hébert. A. G., La Vierge Marie, F. de S., en «Vie Spir.». 85 (1951) páginas 127-140; Deiss, L., Marie, F. de S„ Desclée, Bruges 1959, 272 pp.

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