Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

CANÁ

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Localidad que se hizo célebre por las bodas allí celebradas, durante las cuales Jesús, por intercesión de María, hizo el primero de sus milagros. I. Las bodas de C. en la exégesis. La narración se encuentra solamente en el evangelio de S. Juan, c. 2, vv. 1-15. 1) «Tres días después» del coloquio con Natanael. 2) «Hubo una boda en Caná de Galilea» La identificación de esta localidad de Galilea es controvertida: unos se inclinan por la actual Kefr-Kennah (a 6 km. de Nazaret), otros por la actual Hirbet-Qanah (a 14 km. de Nazaret). 3) «Y estaba allí la Madre de Jesús...»: se adelantó, pues, a la llegada de Jesús. Acaso uno de los esposos era pariente o, por lo menos, amigo de María. 4) «Y fue invitado también Jesús con sus discípulos a la boda»: fue invitado, según parece, en atención a María: donde se halla María no puede faltar Jesús. 5) «Y llegando a faltar el vino...»: acaso por la inesperada llegada de los discípulos... 6) «Dijo a Jesús su Madre: No tienen vino»: María se limita a hacer presente a Jesús la necesidad, con una implícita invitación a proveer. 7) «Jesús le dijo: Mujer, ¿qué nos va a mí y a ti?

No es aún llegada la hora.» La interpretación de estas palabras ha dado origen a innumerables controversias (v. Roschini, La vita di María, III ed., Ciudad del Vaticano 1948, pp. 243-265). Todos los católicos están de acuerdo en reconocer que aquí no hay nada de áspero, inconveniente o poco honorífico por el hecho de que a María, en vez de «madre», se la llama «mujer». No así cuando se trata de determinar el significado de las otras palabras. Las diferentes interpretaciones se pueden reducir a cuatro clases, según el modo de interpretar dichas palabras: 1) como una humillación o reproche (real o aparente), 2) o una negativa (al menos inicial), o cierta oposición, 4) o, finalmente, un pleno asentimiento, sin oposición alguna. Las dos primeras sentencias se rechazan sin más; las otras dos son, por lo menos, probables. Según la tercera interpretación habría habido en ello cierta oposición derivada del hecho de que no seria apropiada aquella hora (en un banquete de bodas) para dar comienzo a la realización de los milagros, de no haberse puesto de por medio la intercesión de su Madre.

Segtin la cuarta interpretación, no habría habido oposición de ninguna clase. ya que la «hora» a la que se refiere Cristo (según los lugares paralelos) es la de su pasión y muerte. Je stis, según Zolli (v. biblj, habría dicho: a Ninguna clase de desacuerdo hay entre mi y tti, oh mujer; lo que pides se hard... Y ami hora» es la hora de Jesús: toda suya; es la hora mtis elevada, más dolorosa, más su blime en la historia de la humanidad de todos los tiempos. Jesús está con el pensamiento muy lejos del gozo bullicioso de los convidados... Esta a punto de comenzar la obra decisiva de su existencia terrena. El primer milagro... La fe que desde ahora tendrán en Él sus discípulos... y despuOs la predication... otros prodigios... rebelión y admiración... hosanna y crucifige... (,qué nos va a mí y a ti, oh mujer? (Ningún desacuerdo; se hard.) Y ahora un silencio profundo que la Madre Santísima comprende..., del que intuye toda la gravedad... Ese silencio parece querer decir: otra copa de vino... muy distinto nos aguarda a los dos... Mi dolor sera tuyo. El milagro de Caná es el primer paso en el camino que conduce a la cruz.

Caná es el alba que previamente anuncia la hora seidfica de la pasión...» (en «Marianum». 10 [1948] p. 73) (v. también la palabra Juan). 8. aDijo la Madre a los servidores: Haced lo que Él os diga»: serial evidence de que Ella no vio, en manera alguna, en las palabras de Jesús una negativa. Por mandato de Jesús se llevaron seis tinajas llenas de agua y Je sus convirtiO en vino aquella agua.

II. Las bodas de C. en el dogma. Los teólogos han puesto de relieve que, al igual que el comienzo de los milagros de orden sobrenatural (la santificación del Bautista antes de nacer) también el comienzo de los milagros de orden natural (la conversión del agua en vino) se realizd por medio de la intervention y cooperation de María, lo cual es indicio de un plan divino de indole general, a saber: que el Sedor quiere hacer pasar todas sus gracias a través de María, a El asociada en toda obra encaminada a nuestra salvación (v. Mediación mariana).

III. Las bodas de C. en la iconografla. Las primeras representaciones se remontan al s. ill, y se hallan en las catacumbas de Roma.

La más antigua se encuentra en el cementerio aad duos lauros»: en el fondo está la escena del banquete nupcial: en el primer piano, a la derecha, estri Jesús, el cual, con la vara de taumaturgo, toca una de las seis tinajas (Cf. Wilpert, Pitture, tab. 57; tabs. 166, 1, y 186, 1; v. también»Nuovo Bull. d’Arch. cris.», 20 [1920] p. 83). Otra representación se halla en el hipogeo descubierto en Alejandna de Hgipto en 1858, del s. v-vi (Cf. Wilpert, Eucharistische Malcreien der Katakomben Kannouz in Ale xandria, en aEhiengabc Deutscher Wisscenschaft dageboten von Katholischen Gelehrten», Friburgo 1920, pp. 273-81). Otros cjemplos los hallamos en la iglesia subternlnea de Abu Hennys en Antinoe (Cf. Wilpert, Sarcofagi, tabs. 8, 3; 17, 2; 2, 8, 1; 227, 2), en los mosaicos de la bóveda del baptisterio de Ndpoles en S. Apolinar de Ravena, en los lienzos de Santa Sabina en Roma, en un dfptico de Milán y de Palermo, etc. (Cf. Leclercq, H., en DACL II, 2, coll., 1802-19). BIBL.: UouttUEK. J., Les paroles de Jdstts a C.. en Rev. Bibl.«, 6 (1808) pp. 405-522: Power. E.. S. J.. Quid mihl el tibi. inulier?, en nVerhum Domini). 2 (1922) pp. 129-135; Anzaloni, V., Jesús et María ad uuptias in C.

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