PARUSÍA
(gr. παρουσία = presencia, vuelta, retorno): Indica el retorno de Cristo, Juez de vivos y muertos, al fin del mundo. De esta segunda venida en gloria y majestad habló Cristo en su gran discurso escatológico, y los Apóstoles, en particular S. Pablo, la mencionan a menudo en sus cartas.
La principal dificultad de los textos del N. T. relativos a la parusía nace del hecho de que aparentemente parece que Jesús y los Apóstoles consideraban inminente la triunfal aparición. Si así hubiera sido, ni Jesús ni los Apóstoles hubieran pensado en fundar y organizar una Iglesia que había de tener una vida brevísima; esta conclusión sacó un amplio sector de estudiosos acatólicos, cuyo representante más conocido fue Loisy. La Iglesia intervino con documentos oficiales para condenar la teoría escatológica en general propugnada por los Modernistas (DB, 2053) y para dar la recta interpretación de los textos de las Epístolas apostólicas (Decr. de la Com. Bíbl., 18 junio 1913).
Siendo Jesús Hijo de Dios, y los Apóstoles inspirados, como hagiógrafos, por el Espíritu Santo, es evidente que no han podido engañarse tan claramente sobre el tiempo del fin del mundo. Ni se puede pensar que los Apóstoles expresaran solamente su punto de vista particular en lo que respecta a la inminencia de la parusía, sin comprometer la inspiración divina, porque en la Biblia no es posible distinguir las ideas y palabras propias del hombre de las ideas y palabras propias de Dios (v. Inspiración). Jesús ha rehusado contestar a las preguntas de sus Discípulos sobre el tiempo de la parusía (Mc. 13, 22 s.), y en cambio ha ordenado a sus Apóstoles que extendieran el Evangelio y la Iglesia por todo el mundo, prometiendo asistirlos con su presencia y potencia «hasta la consumación de los siglos» (Mt. 28, 20). S. Pablo tranquiliza a los Tesalonicenses, que creían próxima la vuelta de Jesús, diciéndoles que antes de ella habrá de verificarse una gran apostasía y habrá de manifestarse el Anticristo (2 Tes. 2, 3-4); no hay en él ningún arrebato apocalíptico: su único pensamiento es fundar iglesias, organizarlas y dar instrucciones a sus sucesores sobre el incremento y difusión del mensaje cristiano.
Tratándose de un acontecimiento futuro, tanto Jesús como los Apóstoles han usado al hablar de la parusía el estilo profético, del cual es característica la falta de distinción de tiempo, presentando cercanos y confusos sucesos diferentes entre sí. A la muerte de cada uno ocurrirá su encuentro con Cristo, que habrá de juzgarle; por lo tanto, cuando los Apóstoles exhortan a la vigilancia en espera de la venida de Jesús, pueden referirse a la parusía de carácter privado.
Por otra parte ellos vivieron con Cristo poco más de dos años y no lo comprendieron plenamente hasta que resucitó y subió al cielo. El deseo de volverlo a ver influyó sobre los Apóstoles, que volvían con insistencia al pensamiento de la gloriosa vuelta final de aquel Cristo, a quien ellos habían visto víctima del odio de los hombres.
Bibliografía
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