IDOLOTITAS
(= cosa ofrecida al ídolo; εἰδωλοθύω = sacrifico al ídolo): Uno de los casos de conciencia más delicados en los primeros tiempos del cristianismo fue la licitud de alimentarse de la carne que los paganos habían ofrecido en sus templos a los dioses. En aquellos tiempos la sociedad greco-romana estaba impregnada de sentido religioso y cualquier ocasión, gozosa o triste, de la vida era subrayada con ofrendas de sacrificios a los dioses. La carne de las víctimas inmoladas era consumida en las dependencias del templo o en los banquetes familiares, o distribuida a los amigos, o, finalmente, entregada a los carniceros para ser vendida al público.
En el Concilio Apostólico de Jerusalén fue decretado que los cristianos venidos del paganismo, por respeto a sus hermanos venidos del judaísmo, que experimentaban una repugnancia instintiva hacia el uso de los idolotitas, se abstuvieran de la carne procedente de los sacrificios paganos (Hech. 15, 20, 29). Seis años más tarde, en el 56, se le presentó a S. Pablo la cuestión en todos sus pormenores, en Corinto. Tres eran los casos concretos que se le proponían: 1) ¿Pueden los cristianos surtirse en las carnicerías que adquieren la carne en los templos o que practican ritos religiosos al sacrificar las reses?; 2) ¿pueden aceptar invitaciones a los banquetes en que se sospecha que se sirven idolotitas?; 3) ¿pueden, por deber social o conveniencia, participar en un banquete sagrado de los paganos?
En su respuesta (I Cor. cc. 8-10) se inspira S. Pablo en dos principios: 1) El ídolo no tiene ningún valor en sí, por lo que no puede consagrar o execrar la carne que se le ofrece; 2) los animales fueron puestos por Dios al servicio de las criaturas, para que fueran su alimento. Por consiguiente la respuesta a la primera pregunta es afirmativa. Tampoco en el segundo caso deben los cristianos tener escrúpulo, pero si en la mesa hubiere alguno que se escandalizare deben abstenerse. En el tercer caso la respuesta es negativa, porque el escándalo es legítimo y grave tratándose de una participación directa en un acto de culto idolátrico: no se puede beber en la copa del demonio después de haber bebido en el cáliz del Señor.
Bibliografía
DTC, VII, 670-85;
DBVS, IV, 187-195;
EC, VI, 1580 s.;
F. Prat, , Madrid, 1947;
B. Allo, , París, 1934, pp. 195-252.