BERENGARIANA (Herejía)
Berengario de Tours, arcediano de Angers (1000-1088), formado en la escuela de Chartres bajo la dirección de Fulberto, se alejó muy pronto de los ejemplos y de la doctrina de su maestro, y cediendo a su índole naturalística negó la verdad de la transustanciación (v. esta pal.), aduciendo estas razones: 1) Los accidentes son inseparables de su sustancia, por lo tanto, si quedan invariados después de la Consagración, se ha de afirmar que su sustancia permanece sin mutación alguna; 2) Es imposible que una sustancia se transforme en otra preexistente.
Rechazada la transustanciación, era lógico que negase también la presencia real, como lo hizo con los siguientes argumentos: 1) Si Cristo estuviese presente en la Eucaristía habría de multiplicarse y distar del cielo; 2) La Eucaristía es un Sacramento; pero el Sacramento, según San Agustín, es un signum sacrum, por lo tanto el pan y el vino de la Eucaristía no contienen, sino significan, el cuerpo y la sangre de Cristo. El conjunto de esta argumentación muestra la audacia de Berengario y manifiesta al mismo tiempo su escaso sentido teológico.
Las audaces afirmaciones del arcediano suscitaron una nutrida polémica en que se ejercitaron los mejores ingenios de la época (Lanfranco de Bec, Guitmundo de Aversa, Adelmán de Brescia, Durando de Troarn), y fueron repetidas veces condenadas por la Iglesia, que reunió siete Concilios para reducir al versátil escolástico, quien finalmente aceptó, en el Sínodo Romano de 1079, una fórmula eucarística elaborada por Alberico de Montecassino, en que enuncia claramente la presencia real y la transustanciación. Su sumisión fue fingida, porque, vuelto a Francia, recayó en el error, hasta que, vencido por la gracia, hizo diez años de penitencia y murió reconciliado con la Iglesia.
Aunque un autor italiano de la época refiere que hasta la gente del pueblo se interesó por la herejía berengariana, lo cierto es que la polémica se desenvolvió dentro de los muros de la escuela, provocando más bien un profundo estudio del dogma (entonces se formuló la palabra «transustanciación») y un aumento de la piedad eucarística. Recientemente se editaron nuevamente las obras principales de Berengario: De sacra Caena adversus Lanfrancum, ed. W. E. Beekenkamp, La Haya, 1941 (el editor es protestante).
Bibliografía
Vernet, , ;
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M. Matronola, , Milán, 1936;
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